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Los hermanos celebran 30 años desde que crearon una empresa tecnológica en el sótano de su casa en York

Los hermanos celebran 30 años desde que crearon una empresa tecnológica en el sótano de su casa en York

  • Scott y John Dolmetsch lanzaron Business Information Group desde su sótano antes de que los ordenadores personales fueran la norma.
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Décadas antes del lanzamiento de las redes sociales, cuando Internet aún estaba en pañales y los teléfonos móviles inalámbricos eran un sueño de las novelas de ciencia ficción, John y Scott Dolmetsch se matricularon en el flamante programa de Ciencias de la Información de la Universidad York de Pensilvania.

Eran los primeros años de la década de 1980. John había terminado el instituto el año anterior y trabajaba en el McDonalds local. Como no quería dejar su trabajo, John eligió el York College para estar cerca de casa. Scott, que se graduó un año después que John, se matriculó con él.

Ambos destacaron en un campo que muchos compañeros no parecían entender.

Hoy en día, es lo que les llevó a fundar Business Information Group, una empresa de gestión de servicios informáticos que lleva 30 años en el mercado.

“La programación informática es un arte”, dice John, “hay que tener un don para ello”.

El arte de la tecnología

La atracción de ganar dinero con sus nuevas habilidades llevó a ambos hermanos a dejar la universidad en 1985 antes de terminar su carrera. Trabajaron para varias empresas locales, desarrollando software.

En el transcurso de la siguiente década, los ordenadores pasaron de ser una inversión única y masiva de 10.000 dólares para que una empresa computara las nóminas, a que todo el mundo tuviera su propio procesador de textos y luego un ordenador personal.

John y Scott estaban en plena revolución.

“La suerte tuvo mucho que ver”, dice Scott.

En 1992, estaban preparados para lanzarse por su cuenta.

Los hermanos montaron su tienda en el sótano de la avenida Linden, cerca del recinto ferial de York, y lanzaron BIG. Se dedicaron a instalar sistemas informáticos y software para empresas locales.

El dúo nunca miró atrás.

“Nunca dije que necesitaba salir”, dice Scott, “sólo dije que necesitaba más ayuda”.

Un pivote continuo

Al principio, John y Scott tenían que reinventarse cada cinco o siete años a medida que la tecnología cambiaba. Ahora, reevalúan su dirección cada año.

John, que se autodenomina el más arriesgado de los dos, está constantemente mirando lo que viene en la industria tecnológica.

“Mi papel en la organización es que me permite ver cosas y lanzarlas contra la pared y ver qué funciona y qué no, y probarlo y fracasar”, dice. “La mayoría de las cosas fracasan. Tienes que tener a alguien en la organización que pruebe las aguas tecnológicas”.

El metaverso pesa mucho en la mente de John estos días. Compró su primera propiedad en Decentraland hace más de un año y medio.

“Es importante entender, mantenerse al día, adelantarse a los acontecimientos”, dice.

Para Scott, que prefiere pescar peces de verdad a lanzar un sedal codificado, mantenerse al día en materia de ciberseguridad y delincuencia ha sido su prioridad número uno.

“Hace quince años”, dice, “no nos preocupaba que nuestros clientes fueran atacados por un Estado nacional. Hoy, todo el mundo es un objetivo”.

Encontrar la plenitud

John y Scott han pasado de ser dos hermanos en un sótano a tener más de 100 empleados en su oficina del centro de York, y han visto muchos cambios. Una de sus mayores alegrías ha sido ver cómo sus empleados se casaban, formaban familias y sus hijos volvían a BIG como becarios.

Con la evolución de la tecnología a lo largo de tres décadas, Scott ha llegado a apreciar cada vez más el valor de desconectar y disfrutar de las pequeñas cosas, como su comunidad de York.

“Este es un lugar increíble para vivir”, dice, “y hay muchas oportunidades. No hace falta salir de la zona para trabajar en tecnología”.

“Puedes tener éxito en todo si realmente lo disfrutas”, dice John. “No hagas algo sólo para ganar dinero; eso no te llena. Encontramos por casualidad algo que realmente resonaba, y nos basamos en ello”.

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